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CORRUPCIÓN, LÍMITES Y PSICOANÁLISIS

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El escribir sobre la corrupción ha sido, como diría A. Baricco, una experiencia lancinante dolorosa. Lancinante porque el tema da miedo, parece que nos acercamos a la muerte, muerte del alma, de nuestros principios identitarios, los que nos acompañan a través de nuestras vidas para darla un sentido y forcejear en el espacio inmenso de nuestros deseos.
Hablar de corrupción es acercarse de una manera imprevisible a nuestra analidad, lo que representa la degradación de nuestras materias fecales, la descomposición necesaria para que un alimento, después de transformarse, se vuelva carne de nuestra carne, una especie de transubstancialización tan querida por los teólogos.
Y es porque la corrupción nos provoca, nos interroga, nos obliga a pensar.
Observar el fenómeno desde las instituciones psicoanalíticas es una osadía, un reto, pero también un deber.
Hablar de corrupción es a la vez, intentar comprenderla y denunciarla; es reconocerla, ver su cara, enfrentarse a ella, contemplar sus matices, hurgar en sus entrañas. Una experiencia devastadora por sus consecuencias.
Para poder pensarla y como en toda aventura inquietante, he tenido que intentar de¬finirla, describir sus matices, sus argucias, sus estrategias íntimas. Más allá de lo escrito o de lo pensado, sus raíces profundas parecen asentarse en los recodos de nuestro funcionamiento mental.
El modelo psicoanalítico, tal como Freud, su inventor (y lo subrayo porque muchos lo olvidan) nos lo ha enseñado, es partir del inconsciente, siempre pensar en esa verdadera realidad psíquica. Y acercándonos a él, no para agotarlo ni desvelarlo, sino para viajar con él, es como podemos concebir la ilusión de volver a crear los escenarios mentales que nos llevaron a la catástrofe del síntoma, a las esferas resistenciales que nos impulsan a repetir una y mil veces los mismos mecanismos, en general aquellos que nos duelen y nos hacen sufrir.

SÍNTESIS

El escribir sobre la corrupción ha sido, como diría A. Baricco, una experiencia lancinante dolorosa. Lancinante porque el tema da miedo, parece que nos acercamos a la muerte, muerte del alma, de nuestros principios identitarios, los que nos acompañan a través de nuestras vidas para darla un sentido y forcejear en el espacio inmenso de nuestros deseos.

Hablar de corrupción es acercarse de una manera imprevisible a nuestra analidad, lo que representa la degradación de nuestras materias fecales, la descomposición necesaria para que un alimento, después de transformarse, se vuelva carne de nuestra carne, una especie de transubstancialización tan querida por los teólogos.

Y es porque la corrupción nos provoca, nos interroga, nos obliga a pensar.

Observar el fenómeno desde las instituciones psicoanalíticas es una osadía, un reto, pero también un deber.

Hablar de corrupción es a la vez, intentar comprenderla y denunciarla; es reconocerla, ver su cara, enfrentarse a ella, contemplar sus matices, hurgar en sus entrañas. Una experiencia devastadora por sus consecuencias.

Para poder pensarla y como en toda aventura inquietante, he tenido que intentar de­finirla, describir sus matices, sus argucias, sus estrategias íntimas. Más allá de lo escrito o de lo pensado, sus raíces profundas parecen asentarse en los recodos de nuestro funcionamiento mental.

El modelo psicoanalítico, tal como Freud, su inventor (y lo subrayo porque muchos lo olvidan) nos lo ha enseñado, es partir del inconsciente, siempre pensar en esa verdadera realidad psíquica. Y acercándonos a él, no para agotarlo ni desvelarlo, sino para viajar con él, es como podemos concebir la ilusión de volver a crear los escenarios mentales que nos llevaron a la catástrofe del síntoma, a las esferas resistenciales que nos impulsan a repetir una y mil veces los mismos mecanismos, en general aquellos que nos duelen y nos hacen sufrir.

Desde el psicoanálisis, el método y el modelo que Freud nos ofreció, podemos pensar en cómo marcharse, cómo despegarse de esa agonía lenta donde la corrupción se asienta, nuestros deseos más primitivos y arcaicos, nuestras regresiones perversas.

Lo sabemos, sabemos cómo proceder, cómo trabajar, cómo teorizar. Lo sabemos, porque lo hemos experimentado en nuestras carnes, en nuestra historia personal; hemos podido conquistar el sentido de la eternidad a través del dolor, el sentido de la ilusión a través de la palabra, el sentido del cambio en nuestras identi­ficaciones. Hemos estudiado, pensado, dudado, interrogando la ignorancia y la omnipotencia. Y es ahí donde la corrupción se instala, como una sanguijuela que aspira la esencia del ser, de sus convicciones y de sus principios morales. Deseo mortífero y destructor, engañoso y engañado que, como los grandes ambiciosos omnipotentes, puede matar el cuerpo que lo aloja para dejarlo morir solo y abandonado.

¿Y si la corrupción puede conquistarse? ¿Si se la puede descubrir e identificar, si se la denuncia y se la encierra en sus territorios sombríos? ¿Si se la vuelve impotente como el odio, o se la mata como la misma muerte?

Entonces merecería la pena haber escrito este libro.

ÍNDICE

Introducción.- Capítulo I. La corrupción. 1. ¿Qué es la corrupción?: 1.1 El fenómeno,

1.2 Desviaciones, 1.3 Trayectorias. 2. Corrupción y perversión: 2.1 “Filiaciones”, 2.2 La seducción perversa, 2.3 La perversión narcisista. 3. Los límites del encuadre psicoanalítico:

3.1 Elementos del encuadre, 3.2 ¿Fetichización o incomprensión?, 3.3 La investigación y la situación psicoanalítica: estudio situacional.

Capítulo II. Corrupción institucional. 1. Cascadas: 1.1 Dinámicas corruptas, 1.2 Ejemplo,

1.3 Faltas éticas. 2. Las cuatro etapas: 2.1 Idealización, 2.2 Sumisión, 2.3 Robotización. 3. El quinto nivel: 3.1 Instituciones psicoanalíticas, 3.2 El porvenir de un análisis, 3.3 Amigo, padre, maestro

Capítulo III. La historia de las instituciones. 1. El amanecer de las instituciones:

1.1 Mesopotamia, 1.2 Los límites, 1.3 Centralización del poder y transición. 2. Las leyes y la escritura: 2.1 La cultura, 2.2 Egipto, 2.3 Necrópolis. 3. Órganos del poder faraónico: 3.1 El visir, 3.2 El escriba y sacerdotes, 3.3 Los templos.

Capitulo IV. El psicoanálisis sin límites. 1. El informe “Turquet”: 1.1 Una nueva teoría,

1.2 Cumbres borrascosas, 1.3 Matar la muerte. 2. La omnipotencia: 2.1 Omnipotencia de las ideas, 2.2 Negaciones, 2.3 El retrato del corrupto. 3. La corrupción del psicoanálisis: 3.1 El victimismo, 3.2 Características, 3.3 Propuestas.

Capitulo V. ¿Se puede combatir la corrupción? 1. Reconocer: 1.1 Resistencias: el siniestro maniaco, 1.2 Pensar, 1.3 Hablar. 2. Amor y odio: 2.1 Las dos caras del amor, 2.2 Encuentros, desencuentros, 2.3 Amor y muerte. 3. La muerte del amor: 3.1 El odio impotente, 3.2 Del odio a la ética, 3.3 Recapitulación.

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ISBN 9788494185991
Editorial El Duende
Lengua Castellano
Páginas 159
Encuadernación Rústica